Feb 15

Dic 10

pavo[1]

Ahora que llegan las Navidades y los pavos y corderos suelen acabar sus tristes días descuartizados sobre una mesa es un buen momento para reflexionar sobre la patética historia del pavo de Russell. El pavo se equivocó en sus reflexiones. Pero no es eso lo que preguntamos. Lo que nos interesa es si el pavo era protagonista de su destino: ¿era libre el pavo de evitar su muerte?, ¿era consciente de lo que le esperaba?, ¿sabe un pavo que tiene que morir?, ¿sabe el pavo que es un pavo…?.  El premio os espera.

Dic 3

GetAttachment[1]

Nov 24

Queridos alumnos: a partir de hoy vamos a iniciar una nueva actividad en este blog. Cada cierto tiempo yo haré una pregunta a la que debéis contestar de la manera más original y creativa que se os ocurra. Lógicamente voy a valorar aquellas respuestas que tengan un contenido ético y filosófico. El premio será un punto en la evaluación. Ya podéis empezar a contestar.

Mar 4

Esta mañana, a propósito de un texto de Kant surgió en clase la cuestión de la eutanasia. El aula no es el lugar más adecuado para hablar de este tipo de cosas, más que nada porque se nos irían las horas y las semanas y probablemente no llegaríamos a ninguna conclusión. Pero es bueno hablar de ello, y tal vez la palabra escrita sea la mejor herramienta. Por eso os inivito a que abramos un debate sobre este asunto. La idea es que cada uno aporte sus propias convicciones de la manera más razonada posible. Yo, por mi parte, os lanzo algunas ideas (que no son originales mías pero que hago mías) sobre la eutanasia que espero susciten una rica y sana controversia:

La eutanasia es un acto deliberado de dar fin a la vida de una persona. La eutanasia se quiere enmascarar con la etiqueta de «muerte digna», lo mismo que el aborto asesino se quiere disimular llamándole «interrupción del embarazo».
Después del aborto vendrá la eutanasia. Por la misma razón que se permite matar a los niños no deseados, se permitirá matar a los enfermos y ancianos que estorben. Que nadie se engañe. Primero fue el no nacido, ahora el anciano, y luego vendrá todo aquel que estorbe al que manda, o el que se atreva a disentir. La cultura de la muerte es imparable, aunque sus argumentos sean nulos.


Se empieza con una etiqueta de buena apariencia: muerte digna, ayudar a morir al que no desea sufrir más.  Por los años 70, en la China comunista desaparecieron de golpe leprosos, ciegos, locos y minusválidos. Esta «purga» explica en parte el impresionante agujero descubierto por los demógrafos de cincuenta millones de habitantes en la población china..
Por la misma razón por la cual algunos defienden hoy el aborto, el día de mañana serán ellos mismos eliminados por sus hijos, que los considerarán una carga inútil. Diego Díaz en su libro «La última edad», recuerda unas palabras del demógrafo americano Dr. Gallop, de la Universidadde Manitoba (Canadá): «Una vez que hayas permitido la muerte del feto, el ciclo no se cerrará. No habrá límites de edad. Se habrá puesto en movimiento una reacción en cadena que podrá hacer de ti una víctima. Tus hijos querrán matarte, porque permitiste que fueran muertos sus hermanos y hermanas. Querrán matarte por no poder soportar tu vejez».  y….las personas minusválidas o con malformaciones tienen los mismos derechos que las demás personas, concretamente, en lo que se refiere a recepción de tratamiento terapéutico. En las fases prenatal y posnatal se les han de proporcionar las mismas curas que a los fetos y niños sin ninguna minusvalía.

 

Los debates sobre la eutanasia suelen basarse en casos extremos, manipulación de sentimientos como la compasión, o el miedo al sufrimiento, y acusaciones infundadas a la Iglesia. Todo ello disfraza la verdadera naturaleza y las implicaciones de los argumentos pro-eutanasia. Hay situaciones muy duras en las que una persona puede decidir que la vida así no es digna.
¿Quiere esto decir que la vida de todos los enfermos terminales es indigna y debe ser eliminada? Sería una afirmación muy cruda… Pero si la dignidad depende de la percepción del enfermo, entonces es subjetiva. Cualquiera podría decidir cuándo y en qué condiciones su vida es indigna. Por lo tanto, la sociedad debería dejar de intentar prevenir los suicidios y de luchar, por ejemplo, contra la anorexia, pues una persona podría decidir que su vida con cinco kilos de más es indigna, y suicidarse lentamente.
Si alguien ha perdido la conciencia o la capacidad de deliberación, no hay vida específicamente humana.
¿Por qué una pérdida que se supone permanente de la conciencia hace que una vida deje de ser humana, y una pérdida temporal (durante el sueño, o tras un golpe), no? Mientras un ser humano vive, conserva la dignidad de todo ser humano. En una sociedad que presume de defender la dignidad humana y a los débiles, es una gran hipocresía defender que algunas vidas son más dignas que otras. Aquí ya no se habla de libertad del individuo, sino de poder de otros para eliminarlo.
Legalizar la eutanasia no es aplicarla a todos, sino a quienes la elijan libremente. Un estudio de 1995, en Holanda, encontró que 900 eutanasias, de 4.500, se habían hecho sin consentimiento del paciente. En 1990, el informe Remmelink detectó un total de 8.100 actuaciones destinadas a acelerar la muerte, el 61% de ellas sin consentimiento del paciente. En Oregón, único Estado estadounidense (hasta ahora) donde estaba legalizado el suicido asistido, la ley exige que, ante la sospecha de que quien lo solicita sufra de algún trastorno psíquico, como la depresión (frecuente en enfermos terminales), se le remita a un especialista que evalúe si tiene capacidad de decidir libremente. Pero este mandato es ignorado, pues ninguna de las 46 personas que se suicidaron en 2007 fue evaluada, aunque una cuarta parte de ellos presentaba síntomas claros de depresión. Un estudio similar en Holanda descubrió que, al menos, el 50% de enfermos que habían solicitado la eutanasia estaban deprimidos. Claro, que no todos verán en esto un argumento en contra de la eutanasia, porque, si la depresión empeora la calidad de vida de los enfermos terminales -y no sólo de ellos-, siguiendo los argumentos pro-eutanasia, esa misma depresión justificaría la eutanasia.
No se puede comparar la eutanasia con las prácticas nazis, porque aquéllas eran impuestas y la eutanasia es elegida libremente.
Dejando aparte las dudas sobre la libertad al pedir la eutanasia, la comparación no se basa en que la eutanasia fuera voluntaria o no, sino en que cualquier eutanasia supone acabar con una vida porque se considera indigna. Si se admite que alguien pueda decidir eso sobre su propia vida, pronto pasarán a poder decidirlo los familiares, o los médicos. O los gestores del Gobierno, que quieren recortar gastos. Entonces morir se puede convertir en un deber, como pide la baronesa Warnock, bioeticista inglesa, para ancianos con demencia, que «malgastan la vida de la gente y los recursos» del sistema sanitario. El actor y activista de izquierdas Martin Sheen (protagonista de El ala oeste), ante el referéndum que ha legalizado el suicidio asistido en el Estado de Washington, advirtió en un anuncio de radio de que perjudicaría a las personas con pocos ingresos, a los que, en vez de financiarles los tratamientos, «se animaría a elegir el suicidio asistido». Los enfermos con cáncer de Oregón están descubriendo que el sistema sanitario no cubre sus tratamientos, pero sí el suicidio asistido.
Si la autonomía del paciente está regulada, es una contradicción que no se le permita ser autónomo hasta el final.
Los derechos individuales no prevalecen siempre. Por ejemplo, el derecho a la propiedad cede ante un embargo e incluso ante una expropiación para realizar obras públicas. Cuánto más la autonomía del paciente, al entrar en conflicto con la propia vida, requisito previo de todos los demás bienes y derechos.
Aunque algunos no la compartan, diversas organizaciones defensoras de la vida han defendido la legitimidad de la decisión de Hanna Jones, la menor que ha rechazado un transplante de corazón. ¿Qué diferencia hay entre eso y la eutanasia, por ejemplo, retirando un ventilador o la alimentación?
No aplicar un tratamiento y aceptar la muerte es distinto a intervenir directamente para provocarla, ya sea con una inyección letal (eutanasia activa) o retirando la alimentación, hidratación, ventilación o higiene, que no son tratamientos médicos, sino cuidados básicos debidos a la dignidad humana (eutanasia pasiva).
Aun en el caso de legalizarse, la eutanasia sólo se aplicaría en casos muy concretos y limitados.
Una vez se abre la puerta a la eutanasia y/o al suicidio asistido, se entra en una pendiente deslizante, pues la sociedad se acostumbra a esta práctica y se reduce el umbral de tolerancia al sufrimiento. Cada vez se está aplicando más a enfermos no terminales, y se llega a casos extremos como el de la alemana Bettina Schardt, a quien un activista pro-eutanasia ayudó a morir porque le costaba cuidar de sí misma y no quería acabar en un asilo. En una carta al director en el diario El País, un lector justificaba la eutanasia como solución a la situación de tantos mayores desatendidos y solos como hay hoy en día, que «verían el cielo abierto».
La eutanasia y el suicidio asistido son una respuesta al sufrimiento. El sufrimiento es siempre un mal y todo está justificado, con tal de evitarlo.
El sufrimiento es parte de la vida y, aunque se debe luchar por acabar con él, el fin no justifica los medios. La sociedad tiene el deber de proteger a los grupos más vulnerables, como los discapacitados. Y estos colectivos han declarado en varias ocasiones el daño que les hace cada vez que se habla de eutanasia, cómo el mensaje que se transmite sobre la discapacidad es cada vez más negativo, e incoherente con la lucha por su integración.