
Pertenecemos a la especie Homo sapiens. Eso deberíamos ser, sabios. No sabemos por qué la naturaleza nos dotó de una especial inteligencia, de razón. Algunos dicen que somos “animales racionales”, lo que podría ser en sí mismo una contradicción. Los animales no son racionales pero sí inteligentes, ¿o acaso es instinto?
Habrá que empezar a definir; dice el Diccionario de la Real Academia Española:
- Inteligencia: Capacidad de entender o comprender. Capacidad de resolver problemas.
- Razón: Facultad de discurrir. Acto de discurrir el entendimiento.
- Instinto: Conjunto de pautas de reacción que, en los animales, contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie.
Pero, al fin y al cabo, quienes han escrito tal diccionario son los hombres. ¿Qué pensarán las demás especies de lo que nosotros consideramos razón? Tendremos que dar muestras de “especie privilegiada y sabia” si es que lo somos.
Lo que realmente nos hace diferentes es la cultura. Somos una especie (me resisto a decir “un animal”) que se regula mediante una serie de patrones heredados, y que intencionadamente somos capaces de dirigirnos en una determinada dirección, habiendo aprendido de los predecesores.
La UNESCO, en 1982, declaró:
…que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.
(UNESCO, 1982: Declaración de México)
Seres humanos…, eso somos: racionales, críticos y éticamente comprometidos. En este último concepto nos hemos hecho diferentes a través de los siglos de evolución. Nos debemos a un compromiso con el medio que nos rodea, con nuestra especie y con el resto de las especies. Somos la única especie capaz de proteger conscientemente nuestro entorno. No podemos pedir a ninguna otra que se encargue del cambio climático, ni de proteger nuestra biodiversidad.
Los cambios a veces son irremediables y las especies se extinguen sin necesidad de que nosotros tomemos partido en ello. A lo largo de la historia de nuestro planeta se han producido multitud de situaciones que podríamos definir como catastróficas. Nuestro planeta se formó hace 4.500 millones de años y 1.000 millones de años después aparecieron las primeras formas de vida, las bacterias. Desde ese momento, la aparición y desaparición de especies ha sido un continuo en el devenir de la Tierra, y solo hace 2 millones de años que el género Homo habita el planeta. Al acabar la Edad del Hielo, ese mamífero de características inespecíficas empezó a ocupar el espacio que el hielo liberaba, haciéndose dueño y parte del nuevo hábitat. El hombre revolucionó el medio pasando de cazador-recolector a manipular la agricultura, la ganadería y los demás recursos que la Tierra ponía a su disposición. Fueron una serie de avances espectaculares que llevaron a modificar significativamente el panorama medioambiental: unas especies se extinguían para dar paso a otras, los ecosistemas cambiaban, la erosión modelaba el paisaje…
Pero el hombre moderno llevó estos avances al deterioro de su propio medio, a la extinción en masa. Es ahora cuando nuestras reflexiones nos tienen que llevar hacia el destino que debemos modelar. Somos parte de la biosfera y participamos activamente en ella, pero, además, somos los únicos responsables de su mantenimiento y protección como especie racional y cultural que somos; los demás seres que la conforman se encuentran al arbitrio de lo que haga una sola, por tanto, nuestra responsabilidad es incalculable.
Naciones Unidas ha declarado 2010 como el Año Internacional de la Diversidad Biológica (AIDB) para alertarnos de la preocupante situación en la que se encuentra nuestro planeta ya que, según los expertos, entre 10.000 y 50.000 especies desaparecen cada año, muchas de ellas antes de ser catalogadas. La diversidad biológica es nuestro recurso más preciado: se trata de nuestros alimentos, de la energía, los medicamentos, la regulación del clima, la calidad del aire y del agua. Desde el punto de vista egoísta, garantizar la biodiversidad es garantizar nuestra supervivencia o al menos nuestra calidad de vida.
El medio ambiente no es patrimonio exclusivo de la humanidad sino de todas las especies que en él conviven, pero el hombre es el único ser capaz de preservarlo.